El amor en tiempos de cólera

Nochebuena con Milagro Sala. Visita a los docentes en la carpa que simboliza su lucha. La foto con Baradel. Un café con Parrilli en el Instituto Patria. La visita a Cristina Kirchner. Paseo por los programas políticos junto a Guillermo Moreno. Acto político junto a Edgardo Depetri. Disertando junto a Tomada. Impulsando a Alberto Samid como candidato en provincia de Buenos Aires. Divorciándose de Raúl Castells.

No es la radiografía de un dirigente del kirchnerismo ni el recorrido ideológico de quien pueda mostrar coherencia en la última década. Es Alberto Rodríguez Saá afuera de la provincia, “el otro Alberto” ese que aparentemente no tiene ningún parecido con “el Alberto de acá”

 

La conversión K

Es muy grande la tentación de quedarse con el calificativo de “Tilinga” con el que alguna vez Alberto Rodríguez Saá definió a la presidente Cristina Kirchner.

El adjetivo, que forma parte de los regionalismos propios del Rio de la Plata y que se utiliza para definir a quienes se consideran “insustanciales, superficiales, ridículos, tontos o que demuestran poca inteligencia al hablar,” debe contextualizarse y recordar que nació al fragor de la verba exacerbada de un gobernador que confrontaba con el modelo que llevaba adelante el gobierno nacional, de la entonces presidente, Cristina Fernández de Kirchner.

En la previa de las elecciones del 2011 fue un poco más allá, la calificó de “matona” por la forma en que había vetado la ley que otorgaba el 82% móvil a los jubilados. Unos años antes la denunció ante el INADI por discriminación contra San Luis.

Durante los doce años de gobierno del kirchnerismo, Rodríguez Saá intentó mostrar una línea de coherencia.

Los combatió siempre por sus políticas de Estado ligadas a los derechos económicos, sociales, culturales, cívicos y políticos de la población.

Realizó una relación directa entre el modelo económico que llevó adelante Néstor Kirchner, primero y Cristina Kirchner, después, con los indicadores de pobreza y  exclusión. La mirada unitaria de los gobiernos que llevaron adelante el matrimonio patagónico y el avasallamiento de las competencias federales de las provincias, formaban parte de sus discursos.

En la campaña de 2007 denunció la proscripción del peronismo de parte de los Kirchner. Eran los tiempos de la intervención del partido a cargo de Ramón Ruiz, un dirigente a quien Alberto Rodríguez Saá acusaba ser un agente de la ex SIDE que había operado bajo el mote de Rufini.

Para aquella campaña se alió con Carlos Menem en La Rioja, un expresidente a quien combatió con crudeza durante los diez años que duró su mandato y con Mauricio Macri, “en San Luis el PRO nos apoya, lo mismo que en Mendoza y San Juan. O sea, Macri nos apoya” declaraba el candidato Rodríguez Saá cuando su enemigo era el kirchnerismo.

La pelea con los gobiernos de Néstor y Cristina no fue solo ideológica o dialéctica.

Todos los juicios que inició la Provincia contra la Nación, por sentirse perjudicada en sus derechos constitucionales, se realizaron bajo las gestiones del matrimonio que gobernó la Nación durante 12 años.

Entre los casos más memorables, se destaca el convenio suscrito entre el entonces gobernador Alberto Rodríguez Saá y el presidente Néstor Kirchner, donde el Estado Nacional, luego del fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación a favor de San Luis sobre los fondos confiscados por el corralito, se comprometía a realizar dos diques en territorio sanluiseño.

Los embalses elegidos son los que hoy se erigen en San Francisco y Saladillo, el kirchnerismo nunca giró un peso de los fondos comprometidos incumpliendo el acuerdo alcanzado a la luz del máximo tribunal, perjudicando al pueblo de la provincia de San Luis.

Todas las trabas que tuvo la construcción de la Avenida Eva Perón sobre la antigua traza del ferrocarril, con medidas judiciales desde la Nación amparadas por el kirchnerismo local, también forman parte del modo de relación que imperó entre los dos modelos de concebir las políticas de Estado.

El listado podría ser mucho más largo en relación a las constantes disputas de los dos modelos que encarnaban Nación y San Luis, entre 2003 y 2015, pero toda redacción de un texto debe considerar que el infinito no es un buen límite de tiempo.

Solo para cerrar el repaso de conflictos, vale rescatar otro fallo de la Corte sobre finales de noviembre de 2015. En el mismo se reintegraba la confiscación inconstitucional del 15% de la coparticipación que fuera retenida indebidamente a partir de un decreto de Néstor Kirchner en enero de 2006.

Ese dinero, la provincia lo comenzó a percibir a partir de diciembre de 2015 y aún sigue negociando el monto de la deuda que generó el kirchnerismo con el pueblo de la provincia de San Luis.

En un encuentro realizado por la Corriente Peronista Descamisados de San Luis durante el mediodía del sábado en la sede del justicialismo sanluiseño, Alberto Rodríguez Saá expresó: “quiero darles la bienvenida a San Luis a todos los dirigentes peronistas de otras provincias, que hoy están acá. Tal vez hace un tiempo, algunos de nosotros teníamos miradas distintas dentro de nuestra pasión peronista, pero yo ya no me acuerdo de eso”

El encuentro marcó dos hitos. El primero fue que los hermanos Rodríguez Saá permitan en la sede cercana al Puente Blanco, una reunión de que no sea de la Lista Celeste Unidad. El segundo dato que llama la atención fue la presencia de Carlos Tomada.

El dirigente rionegrino fue durante los doce años del kirchnerismo Ministro de Trabajo de la Nación. Nunca visitó en su calidad de tal, el territorio sanluiseño durante las gobernaciones de Rodríguez Saá.

La disputa entre el Rodriguesaismo y el Kirchnerismo no fue dialéctica pura, por más que Rodríguez Saá diga que no se acuerda de eso.

Fue una discusión de modelos de país, del modo como cada uno concebía que se debía administrar la cosa pública.

Uno de los modos de entender hasta donde llegaba la disputa, es recorriendo las boletas de las elecciones que se realizaron entre 2003 y 2015. No es casual que ni a nivel nacional, provincial o municipal, no hayan podido confluir nunca en un frente electoral, no coincidían en el modo de gobernar, no coincidían en los modelos de gestión.

Es saludable para la democracia pedir disculpas por las “formas” al momento de discutir, pero las ambiciones personales no pueden licuar el “fondo” de las discrepancias. No se puede entender la adhesión de quienes al momento de ejecutar políticas públicas, fueron antagónicos.

 

Docentes No Sanluiseños

La visita a la carpa docente tiene mucho de hipocresía.

La primera vez que Alberto Rodríguez Saá se reúne, por voluntad propia, a escuchar los problemas de los docentes en boca de un dirigente gremial, yendo personalmente a visitarlos, fue en Buenos Aires, sentándose con el dirigente gremial que representa a los docentes bonaerenses

Nadie discute la dimensión nacional que adquirió la figura de Roberto Baradel, ni las controversias que despierta su accionar según quien lo analiza.

Lo único cierto es que el gobernador en sus casi diez años de gestión durante sus tres mandatos constitucionales, nunca recibió a los dirigentes gremiales de San Luis. Mucho menos los fue a visitar a su sede gremial.

Si a la visita a los docentes en lucha, se suma su constante pedido de paritarias nacionales, realizadas por un gobernante que nunca realizó paritarias provinciales, la cosa se torna más hipócrita todavía.

 

Los Dos Albertos

La constante búsqueda de “el otro Alberto” tratando de instalarse en el concierto mediático de dirigentes nacionales, lo lleva a conductas que se desconocen en “el Alberto de acá”

Los movimientos de ese “otro Alberto” que parecen tan diferentes al de “acá” tienen relación y no son inocentes.

Por primera vez en 34 años, desde el regreso de la democracia, los hermanos Rodríguez Saá corren riesgos de perder una elección legislativa, elección que uno de ellos protagonizará.

El posicionamiento del exgobernador Claudio Poggi en las intenciones de votos preocupan cada vez más, y la estrategia elegida por los dueños del oficialismo provincial tienen un único objetivo. Instalar la discusión lejos de los límites de la provincia.

Desde hace mucho tiempo las encuestas les indican a los hermanos que polarizar con Claudio Poggi y sobre los modelos de provincia que entran en pugna, llevaría al oficialismo provincial a una derrota segura.

Alberto y Adolfo Rodríguez Saá intentan polarizar la próxima elección llevando al electorado a oscilar en un péndulo que tiene en un extremo a Mauricio Macri y en el otro, a ellos. Para esto, no les importa sumar a dirigentes y espacios políticos que ellos mismos denunciaron por haber perjudicado a los habitantes de la provincia con sus políticas de estado.

La alianza con el kirchnerismo no es amor, es espanto y como cualquier relación que nace sin una caricia deseada, suele tener un final demasiado previsible.